Las lombrices, una alternativa para reciclar la basura orgánica en abono
Crece el interés por esta actividad, que se diversifica en abierto beneficio del medio ambiente y los agricultores
EL
LICENCIADO EN ECOLOGÍA HORACIO P. DE BELÁUSTEGUI ENSEÑA EL ARTE DE LA
LUMBRICULTURA HACE MÁS DE DOS DÉCADAS Y ASEGURA QUE SI LOS DESECHOS
ORGÁNICOS SE RECICLAN EN LA CASA EVITAMOS LA CONTAMINACIÓN Y OBTENEMOS
UN PODEROSO ABONO NATURAL
Menú
del día: una buena cantidad de desperdicios de frutas y verduras,
migajas de pasteles y pan, y una ración de estiércol de gallina o
conejo, mezclada con hojas, césped recién cortado y restos de café.
Miles de lombrices rojas “californianas” se arrastran dentro de cajones
de verdura en el patio de la Fundación Biosfera, cerca del Hospital de
Niños. Esperan deseosas el manjar que el ecólogo platense Horacio P. de
Beláustegui preparó para alimentarlas. El banquete lleva ya un mes de
maduración y quedó convertido en una composta que está lista para ser
consumida. Las voraces lombrices, que llegan a ingerir por día hasta una
cantidad de comida equivalente a su propio peso, lo devolverán a la
tierra convertido en un poderoso abono natural, al que se conoce como
“humus de lombriz” o “vermicompost”.
Hay muchas
formas de hacer lumbricultura. El humus de lombriz que se produce
ayuda a las plantas a crecer, a la vez que mejora la fertilidad del
suelo. Gracias a esa cualidad de su incansable sistema digestivo,
estos anélidos han reivindicado en las últimas décadas su rol en el
equilibrio del planeta, desde que se redescubrió su potencial como
procesadores naturales de basura orgánica. ¿Cómo lo hacen? Simplemente
las lombrices ingieren todos los residuos y luego que pasan por su
aparato digestivo, sus excreciones se convierten en un lombricompuesto
que ofrece muchos beneficios a las plantas.
“Estimula el
crecimiento, aporta nutrientes y hay ensayos que muestran que se
obtienen mejores rendimientos en plantaciones de lechuga y tomate.
Además, a diferencia de los fertilizantes químicos, contribuye a la
protección del ambiente. Por centímetro cuadrado hay millones de
colonias de bacterias y microorganismos que enriquecen el suelo con la
biodiversidad”, dice de Beláustegui, mientras levanta un puñado de
lombrices en plena faena.
Ese es hoy el principal potencial de la
lumbricultura, una actividad que despierta un interés creciente, al
ritmo que en el mundo aumenta la preocupación por el desarrollo
sustentable y el medio ambiente. Es que no sólo constituye una sana
alternativa para reciclar en el hogar basura orgánica, de naturaleza
vegetal, sino que en algunos casos, hasta es posible generar ganancias
con un emprendimiento de bajo costo.
En La Plata hay al menos dos
empresas que se dedican a la producción y venta de humus de lombriz. Se
comercializa por kilo y por volumen. En el mercado, y dependiendo del
productor, una bolsa de unos 50 litros se consigue a un precio que varía
entre 50 y 100 pesos. «Pero el costo de producción es mínimo»,
resaltan.
“Cuando uno quiere desarrollar la lumbricultura a
través de una PyME, debe mensurar qué es lo que tiene (es decir los
elementos básicos) y adónde apunta con la producción -explica de
Beláustegui-. Una unidad productiva de dos metros de largo y un metro de
ancho, por medio metro de alto, en nueve meses nos va a generar algo
así como 600 kilos de lombricompuesto y habrá consumido aproximadamente
una tonelada y media de materia orgánica”, sostiene de Beláustegui.
AMPLIA GAMA DE APLICACIONES
Son
muchas más las personas que año tras año toman cursos y se involucran
en una labor que ofrece un variado abanico de otras aplicaciones: se
cultivan lombrices para venderlas como carnada de pesca, para alimentar a
otros animales (por su alto valor proteico), para fabricar harinas y,
en algunas casos, para el tratamiento de grandes concentraciones de
desechos orgánicos, como las basuras procedentes de las ciudades.
“Hay
muchas formas de hacer lumbricultura. Puede hacerse en un balde en la
casa, a nivel doméstico, o en grandes extensiones, a nivel industrial”,
explica Martín Nigoul, quien durante cuatro años practicó esta actividad
en el Zoológico de La Plata para favorecer el crecimiento de la flora
del parque.
“Nosotros juntábamos el estiércol a diario -recuerda
Nigoul-. Usábamos el estiércol del elefante y de los dos rinocerontes
que había en ese entonces. Teníamos «camas» de cuatro por tres metros, y
ahí hacíamos la explotación, dividiendo el sector por la mitad. Cuando
de un lado estaba listo (el proceso) se sacaban las lombrices y se
ponían del otro”.
“Lo hacíamos de forma artesanal”, cuenta
Nigoul. Es que aparte de las “camas” donde se realizaba la explotación,
lo único que necesitaban “era una carretilla para el estiércol y una
horquilla para mover el material”.
El lombricompuesto es muy
apreciado por los agricultores debido, además, a que crea un hábitat
desfavorable para los parásitos y las plagas. “También se usa para
enriquecer terrenos que quedaron desnaturalizados por el abuso de
fertilizantes químicos o decapitados por eliminación de horizontes
fértiles”, explica de Beláustegui.
OPCION PARA EL HOGAR
Pero
para el ecólogo platense lo más importante es que la lumbricultura
permite reciclar buena parte de los desechos hogareños. “Con dos
cajoncitos, en un patio muy pequeño, una persona puede hacerse cargo de
la parte orgánica de los residuos de su casa, a la vez que genera un
buen compost para sus propias plantas”, dice el experto, que desde 1994
dicta cursos de lumbricultura. “Con dos cajoncitos, en un patio muy
pequeño, una persona puede hacerse cargo de la parte orgánica de los
residuos de su casa, a la vez que genera un buen compost para sus
propias plantas”
¿Qué hace falta para empezar? No mucho. Lo
primero, claro, es capacitarse. Luego quedan unos pocos pasos. Conseguir
las lombrices no representa un esfuerzo mayúsculo: pueden comprarse en
puestos especializados o a través de Internet, donde unas 2000 lombrices
californianas (su nombre científico es Eisenia foetida) se venden a 130
pesos. También comercializan kits ya preparados, que incluyen la caja
lombricera, bolsas con humus en elaboración y muestras de vermicomst
listo para utilizar, a modo de prueba. Todo eso por un valor que no
supera los 200 pesos.
Una vez adquiridas se reproducen fácilmente
y en ciertas condiciones cuadriplican su población cada tres meses.
Además son más dóciles de lo que se imagina: mientras tengan comida y
espacio, no se escapan. Se calcula que, en promedio, en 24 horas un kilo
de este tipo de lombriz puede procesar mil gramos de basura orgánica,
ya que expulsa entre el 50 y el 60 por ciento de lo que digiere
convertido en abono natural.
EN CASA, PASO A PASO
“Esto
se puede hacer en la casa de cualquiera. No se necesita una
infraestructura gigante ni mucho menos”, insiste de Beláustegui,
mientras muestra un folleto de la fundación de calle 16 entre 65 y 66,
donde se detallan los pasos básicos de uno de los tantos métodos para
hacer lumbricultura en el hogar.
Manos a la obra. «Esto empieza
por separar en la casa residuos de naturaleza orgánica vegetal de lo que
no es orgánico. Lo orgánico es todo lo que surge de la cocina, del
césped, la poda, el mate, las cáscaras», explica. «Eso es lo que se va a
compostar y se va a transformar en el alimento de las lombrices. En
realidad, no es sólo eso, sino que formará todo un ecosistema integrado
por bacterias y hongos que se recicla en el lombricompuesto, que son las
heces de las lombrices».
Hay que elegir bien el recipiente para
el lumbricario. Se puede armar en un cantero, en una caja o en un cajón.
Especialistas explican que un error habitual que suelen cometer quienes
se inician en la lumbricultura sin demasiados conocimientos, consiste
en utilizar recipientes no aireados, que se degradan, no permiten
extraer los jugos que genera el proceso, tienen olor y atraen insectos.
Una opción es utilizar cajones de verduras, a los que se debe revestir
con media sombra y luego cubrir con una capa de paja.
El
siguiente paso consiste en colocar diariamente los residuos orgánicos.
¿Qué desperdicios se pueden compostar? La lista es larga e incluye la
mayoría de los residuos de alimentos, aunque no se puede utilizar carne
(ver infografía). Después, hay que tapar los desechos con una nueva capa
de paja y finalmente poner encima otra media sombra, para impedir que
las moscas pongan huevos.
En este punto, el de la fermentación,
hay que armarse de un poco de paciencia: recién después de alrededor de
un mes de actividad microbiológica, la materia orgánica se habrá
transformado en una composta lista para alimentar a las lombrices. Como
estos animales carecen de sistema masticatorio, sólo ingieren cosas
blandas y frescas y por eso es necesario procesarles todo
biológicamente.
Aquí es donde entran en acción las lombrices
californianas. Su incansable tarea se desarrollará durante 8 meses,
lapso en que su complejo sistema digestivo habrá contribuido a producir
el abono orgánico que, tras una previa tamización, se puede usar para
las plantas o para comercializar. Ojo, el humus obtenido se mezcla con
la tierra; no se debería plantar directamente en él.
“Una vez que
está terminado el proceso, las lombrices se van solas. Migran a los
otros cajones porque van detrás del alimento y espacio. Tienen hábitos
nocturnos; cuando llueve migran”, cuenta de Beláustegui.
Ya bien
entrado el siglo XXI, en una época en que la desertificación avanza
sobre el planeta y en la que el manejo de los desechos orgánicos se ha
convertido en un problema urgente, las lombrices reivindican su papel y
recuperan el rol que ya les habían asignado los antiguos griegos hace
miles de años: el de ser «los intestinos de la tierra».
Temperatura
Las
lombrices no soportan los extremos de temperatura. “Son animales
resistentes dentro de algunos parámetros. Cuando hace frío no pueden
vivir porque las bacterias no viven y más allá de los 42º se mueren.
Entre los 15 y los 30º se pueden desarrollar muy bien”, explica Martín
Nigoul